En la teoría política de Rousseau, la voluntad de los ciudadanos como cuerpo orientada al bien común, que un Estado debe seguir para ser legítimo; se distingue de la suma de las voluntades particulares.
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Rousseau expuso la idea en El contrato social (1762), donde sostuvo que la soberanía pertenece al pueblo y no puede ser representada. Las interpretaciones difieren: unos ven un ideal participativo de autogobierno, otros una vía para coaccionar a los disidentes. La idea influyó en teorías posteriores de la soberanía popular.