La propuesta de Henry George de abolir todos los impuestos salvo un impuesto sobre el valor de la tierra, de modo que la comunidad recupere la renta del suelo mientras el trabajo y el capital quedan exentos de impuestos.
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En Progress and Poverty (1879), George sostuvo que no es necesario confiscar la tierra, sino solo la renta. Como la oferta de tierra es fija, un impuesto sobre el valor de la tierra no puede trasladarse reduciendo la oferta y no desincentiva la producción; además, haría que las tierras retenidas con fines especulativos se pusieran en uso. Enclaves del impuesto único, como Fairhope, Alabama, pusieron a prueba la idea a escala local. Los críticos dudan de que la renta del suelo por sí sola pueda financiar un Estado moderno y señalan la dificultad de valorar la tierra por separado de los edificios.